1/2 kg de patatas peladas y cortadas en dados (3 cm)
6 ramas de tomillo
3 ramas de menta
4 dientes de ajo
La piel de 1 limón (finita, sin blanco)
2 c de sal
Para la salsa:
60 ml de AOVE
2 c de tomillo seco
1 diente de ajo machacado
10 hojas de menta
1 C de ralladura de limón
1 C de zumo de limón
sal y pimienta negra
Pela las patatas y cuécelas en trozos con las ramas de tomillo, la menta, los dientes de ajo, la piel del limón y la sal no refinada. Reserva el agua.
Mientras se cuecen las patatas, haz la salsa. En un mortero, pon el tomillo, el ajo, las hojas de menta, la ralladura y el zumo de limón. Echa sal y pimienta negra y macha todo hasta que se haga una pasta. Añade el AOVE y remueve con una cuchara.
Escurre las patatas (pero no tires toda el agua; puede que la necesites para dar consistencia al hacer el puré). Machácalas para hacer un puré y vierte la mezcla del mortero por encima. Remueve bien. Añade agua de cocción hasta obtener la textura deseada. Puedes tomarlo templado o frío de la nevera. La patata cocida, después de haberse enfriado en la nevera a 4 ºC durante toda la noche, se vuelve un alimento todavía más sano, ya que su fibra se transforma en lo que se conoce como almidón resistente, un prebiótico muy sano para tu microbiota intestinal.
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